Visita a las Bodegas Jesús Díaz en Colmenar de Oreja

          El 19 de febrero de 2.016, nuestra asociación realizó una nueva visita, en esta ocasión más eno-gastronómica que cultural. 20160220044519A las 17 horas nos juntamos todos en la grandiosa Plaza Mayor de localidad de Colmenar de Oreja, situada a unos 45 Km de Madrid, muy cerca de Chinchón. La excursión comenzó mal ya que tuvimos una muy sensible baja, la del profe Antonio, que por sus deberes profesionales le impidieron al final venir con nosotros a la visita

 

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Tinaja de barro

        Desde aquí nos dirigimos en un paseo, de escasos 10 minutos, andando a la bodega que esta a las afueras del pueblo. En la bodega nos recibió el dueño de la misma y enólogo, D. Jesús Díaz, que empezó por contarnos la historia de la bodega. El edificio inicialmente perteneció a un convento de frailes que lo usaba para hacer aceite. En época de Mendizábal y con su famosa desamortización el convento se vendió, pasando posteriormente a servir para hacer tinajas para contener principalmente vino (aquí D. Jesús nos recuerda que en su día Colmenar de Oreja era un importantísimo centro de producción de tinajas de vino), pero parece ser que en esta fábrica, las tinajas no eran de muy buena calidad y se rompían con facilidad, por lo que esta industria quebró.  La familia de los actuales propietarios, se dedicaban a la venta de vinos en Madrid y como les iba bien, se decidieron a comprar la estancia que nos ocupa, convirtiéndola en bodega alrededor de 1950, donde empezaron a hacer vino alcanzando una importante producción. Esta industria sufrió altibajos, teniendo que abandonar en algún momento el cultivo de la uva y producción de  vino, pasando al cultivo de champiñones en el lugar donde se encuentra la bodega subterránea. En la actualidad la bodega tiene una producción de unas 120.000 botellas, de las cuales 30.000 corresponden a vinos blancos (en su mayoría de la variedad Malvar que es la mas importante en blancos en la denominación). Otras 1.000 botellas se hacen de un curioso espumoso de uva Macabeo con una pequeña proporción de Malvar, esta pequeña aportación de la Malvar le da complejidad al espumoso, aportando aromas a almendras amargas. El resto del vino es tinto, en su mayoría tempranillo, con algo de Syrah (que se mezcla con la tempranillo) y otra parte de Cabernet Sauvignon, que se vinifica por separado.

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Máquina de despalillar uva

        Nos explicó el proceso que llevaban en la bodega para hacer vino. Las uvas llegan a  la bodega en pequeños contenedores de 500 kg, desde aquí los tintos pasan a la máquina de despalillar y los blancos directamente y sin despalillar a la siguiente fase. Esta máquina lo que hace es separar y eliminar el raspón (el raspón o escobajo que es otra forma de llamarle es la parte leñosa del racimo) de la uva. La razón de que a los vinos blancos no se les despalille, es el que así se forman canales para que se pueda desprender el mosto del resto de la uva y pasar por gravedad a los depósitos correspondientes. Como se sabe, en los tintos se mantiene un tiempo el mosto con los hollejos para que les transfiera color y aromas a los mostos. Si se mantiene muy poco tiempo, se obtienen rosados y en los blancos se separa el mosto de los hollejos y se vinifica el mosto solo.

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Separador del mosto por gravedad

      Para separar los mostos de las uvas, se utiliza un original accesorio que funciona exclusivamente por gravedad. Como se puede observar al ver el aparato, el funcionamiento de este artefacto es muy sencillo, se llena el mismo con la uva y el mosto y por gravedad el mosto pasa por los huecos que tiene, cayendo al suelo. Bajo el suelo hay un depósito donde ser recogen los mostos ya separados de los hollejos. Este depósito subterráneo tiene además otra funcionalidad: las tinajas de barro son frágiles y en alguna ocasión explotan, estos depósitos recogen los mostos o en su caso vinos, pues las tinajas no sirven solo para fermentar el vino, la mayor parte del tiempo se usan para guardar ya el vino hecho.

       A pesar de lo primitivo que parecen estos sistemas de tinajas, en esta bodega se ha trabajado para modernizarse y así poder hacer vino en condiciones higiénicas y de calidad. Las tinajas de barro, se han recubierto por 20160220044519 (1)dentro con resinas epoxis que protegen a mostos y vinos, aportando limpieza en todo el proceso, pero además se ha dotado de un sistema de control de temperatura, consistente en un potente refrigerador que sirve para enfriar el vino durante su fermentación, para lo cual se introduce en las tinajas una especie de radiador conectado por tuberías.

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Bajando a la bodega subterranea

        Desde aquí pasamos a la bodega subterránea en la que se encuentra el cementerio de los vinos. Todos los años se guarda aquí una pequeña parte de la producción para la posteridad. Estas guardas, según nos comenta D. Jesús, tienen mas bien un valor sentimental que otra cosa, puesto que estos vinos no tienen realmente un gran potencial de guarda. El bodeguero nos comenta sin embargo que abrieron hace poco un blanco de mas de 30 años y que estaba espectacular, a diferencia de los tintos que estaban practicamente muertos.

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Mesas de botellas de segunda fermentación

        Nos enseñaron también las mesas de segunda fermentación de los espumosos, en las botellas se podían apreciar claramente las lías en el cuello de la botella, ya que en esta época las botellas estaban prácticamente para el degüelle. El enólogo nos explico el proceso, se congela el cuello de la botella y se abren posteriormente, siendo el simple efecto del gas que contiene el que expulse el tapón congelado y con el las lías.

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Entrada a la bodega

      Cuando estábamos saliendo de la bodega, recibimos la llegada de dos rezagadas: Inés y Aurora, amigas de Antonio y que no pudieron  llegar a tiempo por el atasco de viernes al mediodía. Las abrimos y entraron en la bodega subterránea, cruzándose con el resto del grupo que no las conocía. Aquí vino la anécdota de la jornada, pues sin querer las dejamos encerradas en la bodega subterránea y las apagamos la luz. Inés se puso a chillar, pero por las características de la bodega no se oía absolutamente nada. Por suerte nos dimos cuenta enseguida del olvido y todo quedo en una anécdota para recordar todos.

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Cata

       De aquí nos fuimos a la cata de productos. Probamos el espumoso, un rosado de garnacha de alta graduación y un tinto joven. El que mas gusto fue el espumoso y después el rosado, sin embargo no nos parecieron grandes vinos, lo que era de esperar pues en el fondo son vinos de 3 euros y no se les puede pedir mas cosas

         Posteriormente nos decidimos a ir a picar algo, para lo cual nos fuimos al restaurante Garnacha, que está situado en Coslada. Se nos unieron nuestras nuevas amigas Aurora e Inés demostrando así que estábamos perdonados por el encierro.

Pinchando aquí se pueden ver las fotos de la visita, pero hay que estar autorizados para poder verlas.

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